La palabra “pamplina”: un problema para un programa de traducción

Pamplinas y canarios: la pesadilla para un ordenador que traduce

La Stellaria Media o Álsine es una planta salvaje muy común, de origen europeo pero que ha prosperado por toda Eurasia y América. Recibe infinidad de nombres: cloquera, boruja, capiqui, hierba gallinera…

Pero hay un nombre por el que es conocida en todo el mundo hispanohablante: la pamplina.

Si soy un traductor cibernético, un programa informático que traduce, mi lógica algorítmica me conducirá a la primera acepción que ofrece la RAE de la palabra “pamplina”: Álsine. O acaso a la segunda: planta papaverácea. Pero como soy un programa muy bien diseñado, por el contexto puedo “inferir” (aunque este verbo puede no resultar del todo adecuado para una máquina) que la pamplina, en un contexto determinado, acompañada por ejemplo con el verbo “decir”, me remite a otra acepción de la RAE: dicho o cosa de poca entidad o fundamento.

Porque, seamos sinceros: pocos lectores sabían que en realidad pamplina es una planta ¿verdad? Y no le vamos a pedir a un ordenador que sepa más que una persona. Yo lo desconocía hace unos pocos días.

El problema surge con el matiz siguiente: la RAE afirma que “pamplina” también puede significar una manifestación poco sincera con el fin de engañar a alguien. Por lo tanto, la cosa se complica para nuestro amable compañero transistorizado.

“No me vas a enredar con tus pamplinas”. Puede significar “no me vas a enredar con tus plantas papaveráceas”, “no me vas a despistar con tus simplezas” o “no me vas a engañar con tus falsos halagos”.

Y el caso es que hablamos de una pamplina. Algo tan sencillo y tan común como una pamplina.

Por fortuna, nuestra computadora ha sido programada para evitar expresiones coloquiales que pueden resultar inadecuadas o vulgares. Y, a tal fin, acude a los referentes más acreditados de la lengua española, para así procurar no caer en la trampa de la chabacanería. ¿Por qué el nombre de una planta puede ser sinónimo de “tontería”, “simpleza” o “falsedad”?

En cuestiones etimológicas el diccionario de referencia es, sin lugar a dudas, el Corominas; y a él acudimos. “Pamplina” proviene del latín, papaver, papaveris (amapola o adormidera), puesto que sus flores se asemejan. Pero nos interesa el sentido figurado de cosa de poca utilidad. Y aquí el Corominas es taxativo:

“Como la Stellaria media es comida de canarios, es natural que el vocablo se empleara en el sentido figurado de ´cosa de poca entidad y fundamento´.

La computadora, programada en el sutil arte de la traducción, se enfrenta ahora a una tesitura difícil: la razón por la que pamplina tiene un sentido peyorativo aparentemente se explica porque resulta habitual en la dieta de las personas residentes en las Islas Canarias. Quizás porque, desde la perspectiva peninsular, lo que proviene de las islas afortunadas poca o escasa importancia tiene. Seamos francos: el agravio y la miopía del prejuicio es una enfermedad endémica en el ser humano.

Los algoritmos buscan referencias cruzadas del uso de la Stellaria media como recurso culinario, y encuentra bastantes referencias al respecto. En Japón, por ejemplo, se celebra todos los años el denominado “Festival de las Siete Hierbas”. Y resulta que una de las siete hierbas es la pamplina o hakobera.

Pero claro: “canario” no es sólo el gentilicio del habitante de las islas Canarias. También puede referirse a un ave paseriforme de la familia de los fringílidos y que es originaria de la Macaronesia. (La Macaronesia es un conjunto de archipiélagos de origen volcánico situados cerca de la costa africana: Azores, Canarias, Cabo Verde, Madeira e islas Salvajes.) El traductor humano cae en la cuenta de que pensaba que el canario era común en la península; pero claro, es normal su confusión: otras aves paseriformes como el gorrión o el pinzón son las más comunes. Por cierto, las aves paseriformes vienen del latín passer: gorrión. Y por derivación etimológica a estos tipos de aves cantoras se las denomina en nuestro idioma pájaros.

El pájaro es un ave que canta.

Es el problema (y la ventaja) del traductor humano: se va por las ramas (como los pájaros). Pero lo cierto es que esta capacidad de abstraernos nos permite centrarnos instintivamente en el contexto y significado de expresiones y palabras. Como no estamos programados ni sujetos a un mandato algorítmico puedo afrontar los dobles sentidos, los equívocos o las bromas. Puedo intuir lo que significa pamplina sin importarme qué tipo de planta es o quien la consume.

Es una pamplina, sin más. Y como tal resulta que puede ser muchas cosas.

Como traductor humano acertaré. La máquina puede equivocarse. Al fin y al cabo, nunca ha escuchado cantar a un pájaro como el canario ni ha soltado una pamplina.

Yo sí.

Antonio Carrillo

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